domingo, 5 de enero de 2020

Sobrevivir a toda costa

Imagen de Marci Marc en Pixabay 

05/01/1950
Diario de a bordo del buque Hänsel und Gretel, matriculado en Hamburgo, perteneciente a la Grimmgebrüder Reederei.

Los problemas persisten. La cavitación de la hélice de estribor se agrava. Hemos perdido el compás. En realidad, creemos que llevaba días fallando, por lo que la derrota se ha ido desviando del rumbo previsto.

No podemos ubicarnos con seguridad ya que las cartas náuticas están obsoletas y el sextante roto.

Un cálculo probable nos sitúa a unas tres mil millas al SW de Yakarta. Quizás, en las proximidades de la Isla Amsterdam, quizás en medio de la nada.

Nos tememos que esta vez no regresemos. Tantas dificultades y averías apuntan, de nuevo, al sabotaje.

Cap. V. Brumberg





Al acabar de redactar el apunte en el diario, tocaron a la puerta de la cabina del capitán. Ludwig, su hermano y segundo de a bordo, apareció con el agotamiento en su rostro tatuado por negras líneas de sudor y carbonilla.

—Hemos detenido la máquina de estribor. Las vibraciones eran tremendas. Compensamos la deriva como podemos. Por fortuna, las corrientes no son fuertes.

Miró a su hermano negando con la cabeza.

—Han sido ellos, Ludwig. Nos consideran un lastre, tanto al buque como a nosotros. Nunca pensaron que saldríamos de la última. Imagino las caras, cuando arribamos a Roterdam y no hubo seguro que cobrar. Si hubiéramos comunicado nuestro regreso, habrían sido capaces de enviar a alguien a hundirnos. Qué ironía que perdiéramos también la radio.

—Eres la mejor piloto de la flota, Victoria, mal que les pese. Si la naviera invirtiera en el buque o adquirieran uno nuevo, contigo al mando tendrían beneficios en cualquier ruta a la que te destinaran. Podrían olvidarse de intentar boicotearnos esas sabandijas.

El amor y respeto que su hermano le profesaba impelían su rabia interna, preguntándose cuando tiempo pasaría antes de que hubiera mujeres trabajando en cualquier oficio, incluidos los de la marina mercante. Ambos fantaseaban con ese futuro. Pero él era consciente de que incluso entonces, personas como Victoria serían discriminadas y mal vistas en ciertos sectores, incluso por otras mujeres. Para la historia nunca constaría que la primera mujer en tener mando a bordo de un buque comercial fue su querida hermana pequeña.

Solo entre hermanos y en la intimidad de la cabina, ella podía ser tratada como lo que era. Para el resto del mundo era el capitán Victor Brumberg y debía seguir mostrando un aspecto varonil, barba poblada y voz recia. Perpetuar el estereotipo del capitán de la mercante, con gorra blanca de visera negra, abrigo tres cuartos de paño azul y con formas autoritarias para con su tripulación.

Ludwig la respetaba por eso, por no renunciar nunca a su vocación aunque para ejercerla tuviera que vivir de cara a la sociedad como una persona con quien no se identificaba. También se preguntaba cuantas otras habrían pasado por la misma falsedad a lo largo de la historia con tal de sobrevivir.

El teléfono de cabina sonó. Victoria contestó, conversando brevemente y colgó.

—Han avistado una luz intermitente —anunció con esperanza.

—Si es que estamos cerca, creo que ni Isla Amsterdam ni Saint Paul tienen habitantes —pensó en voz alta Ludwig—. ¿Otro buque?

—Ahora lo averiguaremos. Subamos, pero antes— Alcanzó una pequeña bolsa de cuero y se la tendió a Ludwig—, enciéndemela, por favor.

Ludwig sonrió, cogió la bolsa y la pipa. La cazoleta, de espuma de mar, estaba tallada en forma de cabeza barbuda con turbante.

—¿Nunca acabarás aficionándote? —dijo con la boca torcida mientras daba largas chupadas para prender las virutas de tabaco que había metido a pellizcos en el hornillo de la pipa.

—Lo odio, no soporto el olor. Esta mezcla de Virginia con una pizca de Latakia es bastante aparente, pero procuro siempre tener el viento del través.

—Se te da bien —dijo Ludwig, mientras le devolvía la pipa ya encendida.

—No me trago el humo.

—Sortear las dificultades —aclaró su hermano abriéndole la puerta.

Victoria asintió dando una chupada a la pipa y lanzando el humo ya fuera del camarote. El capitán Brumberg estaba dispuesto a ejercer de nuevo como tal.

—Hay que sobrevivir a toda costa, Liebling —le dijo a Ludwig.


* * * * *


Tras subir al puente, comprobaron que la tripulación había avistado un faro, instalado sobre los escarpes de sotavento de un islote. Casi al ocaso y con la radio funcionando a rachas, se aproximaron a una distancia prudente para no topar con posibles bajíos. Emplearon varias pitadas para avisar de su presencia y el reflector de señales para comunicarse con la isla, confiando en que alguien les viera. La moral de los veintiocho tripulantes se elevó cuando desde la isla una luz les respondió en morse, señalándoles que podían aproximarse por el extremo opuesto.

Allí existía una rada de aguas tranquilas donde pudieron fondear. Desembarcaron un bote y cuatro marineros al mando de Ludwig remaron hacia la playa. Tras la varada, pudieron ver como alguien se acercaba caminando con un farol de mano.

Dos marineros quedaron al tanto de la barca, mientras Ludwig y los otros dos se dirigieron hacia quien portaba el farol, descubriendo a un delgaducho y desarrapado hombrecillo, que se dirigió a ellos con fuerte acento francés y tono alegre.

—¡Válgame el cielo! ¡Es cierto que están ustedes aquí! Creía que soñaba cuando oí sus pitadas, y al asomarme a la ventana, ahí estaba su barco. Naturalmente, me he fijado en el pabellón. Alemanes ¿verdad? Je, je, je. Bienvenidos, bienvenidos.

—Afirmativo. Soy el contramaestre Brumberg, del mercante Hänsel und Gretel. Bien hallado, señor… —Ludwig observaba con recelo aún al hombrecillo, de quien no conocía siquiera su nombre.

—Oh, discúlpeme, je, je. La soledad ha oxidado mis modales, je, je. Jean Perrault. Farero de Île Féerique desde hace… Bueno, de toda la vida, ja, ja, ja.

—No tenemos constancia de estas tierras en nuestras cartas. ¿Territorio francés?

—Oh, por supuesto Monsieur Brumberg. Desde 1793. De toda la vida, se puede decir —la boca del farero, exhalaba con cada palabra un pútrido hedor a mojama mal curada, y el panorama de los pocos y sucios dientes que quedaban al aire entre sonrisas, hacía difícil mantenerle la mirada—. ¿Y ustedes? ¿Qué les hace por aquí? Esto no está cerca de las rutas comerciales habituales, ¿cierto?

—Así es, Herr Perrault. Hemos sufrido diversas adversidades, entre ellas la perdida funcional del compás. Temíamos acabar lejos de cualquier ruta transitada, como parece que así ha sido. Por fortuna, hemos topado con su isla de forma milagrosa, casi mágica diría yo, cuando estábamos a punto de perder toda esperanza.

—Ah, monsieur, eso mismo pensaron los primeros compatriotas que pusieron sus pies aquí. De ahí el nombre. Pero en fin, aquí podrán fondear tanto tiempo como requieran, mientras arreglan lo que tengan que arreglar.

Magnífico, Herr Perrault. Tendremos que examinar una de nuestras hélices y rectificarla. Un mantenimiento general de los motores. Asimismo, si tuviera un compás y un sextante de sobra, nos sería de gran utilidad.

Oh, no tengo nada que les pueda servir, monsieur, pero debo decir que soy muy hábil. Tal vez con algunas piezas consiga arreglarlos y calibrarlos. La isla tiene su propio magnetismo, hay que calcular la declinación. Me llevará un tiempo. Mientras tanto pueden dedicarse a los demás arreglos. También puedo ayudarles con ellos.

Perrault se quedó pensativo, mirando fijamente a Ludwig, con una mano sobre su boca quizá para contener un hilo de baba que comenzaba a caer por la comisura de sus labios.

Monsieur, permítame preguntarle. ¿Tienen suficientes provisiones? La isla es rica en pesca. Pueden abastecerse de cuanto quieran y desayunar como reyes. Una docena de gambas por cabeza y día. Dos. Las que quieran. Langostas para almorzar. Ostras y almejas. ¿Pero carne? No, señor. Carne no hay en la isla. Daría lo que fuera por un suculento guiso de carne fresca bien jugosa.

Y ni las dos manos pudieron contener la fuga salivar por entre sus mellas.

Perdón, Monsieur, pero solo de pensarlo… Aborrezco ya tanta gamba, Neptuno me perdone.

El alemán simuló una sonrisa para ocultar las náuseas que le había provocado contemplar tan baboso discurso.

—No se preocupe. A bordo tenemos carne enlatada. Haremos trueque, servicios por provisiones.

—Oh, sí. —Aunque afirmaba, la mueca del farero era un tanto forzada, como de disgusto. Haremos trueque. Faltaría más.


* * * * *


Llevaban ya una semana en la isla. El motor funcionaba, con la hélice rectificada, sin el menor problema. El farero les había suministrado alguna carta náutica en vano, ya que eran antiquísimas. Pero faltaba el compás, que el señor Perrault se había llevado a su taller y que afirmaba no tener aún arreglado.

Ludwig, no podemos quedarnos mucho más. La marinería holgazanea, una vez que han arreglado todo cuanto se requería. Comienzan a engordar con tanto marisco — Victoria se mesaba las barbas con una mano, mientras con la otra, se palmeó la panza de modo satírico—. Van a terminar como los reyes franceses de la antigüedad, orondos y con gota.

Lo sé. Herr Perrault sigue enseñándome piezas de antiguos aparatos con los que dice que ha probado pero que no terminan de encajar en el sextante. Y del compás, nada. Hoy le volveré a preguntar. Es más, visitaré su taller. Me ha invitado a acompañarle a recoger unas nasas y luego iremos al faro.

Y averigua si Conrad anda por allí. Ayer fue a por más marisco y no le han vuelto a ver. No podríamos irnos sin cocinero.

—De acuerdo. Es raro que se ausente pero, ¿donde iba a ir? Es una isla. Quizás haya tenido algún accidente.

* * * * *

De nuevo en tierra, Ludwig acompañó al farero en su rutina de pesca. Levantaron cinco nasas cargadas de crustáceos, algunos peces y un pulpo. Luego se dirigieron al faro, donde el francés había construido una pequeña cetárea donde mantenía vivas las capturas hasta el momento de su cocinado.

Aunque Ludwig le pidió ver el estado actual de la reparación del sextante, el farero le insistió en que le ayudara primero a preparar el cocedero, donde había dispuesto una enorme olla con agua al fuego.

Para esa cantidad, eche cinco kilos de sal, por favor. Poco a poco para que vaya disolviéndose.

Ludwig cogió un saco y subió tres peldaños de una pequeña escalerita, se inclinó sobre el borde de la olla y comenzó a verter la sal. Le extrañó que el agua ya estuviera turbia.

—Utilizo algunas hierbas para aderezar la cocción, amigo —dijo el farero.

Pero Ludwig vio algo sospechoso. El cocinero Conrad siempre llevaba un pañuelo blanco de lunares rojos anudado al cuello. Entre el borboteo del agua le pareció verlo surgir y hundirse.

Herr Perrault ¿Ha visto a nuestro cocinero?

Perrault contestó mohíno que no creía conocer a ese hombre.

—Es extraño. Ayer parece que vino a por marisco. Y no ha vuelto.

—Por aquí no vino nadie. Quizás esté pescando en el otro lado de la isla.

—Sí, es posible. Oiga, podría…

En ese momento sonó un disparo y algo empujo a Ludwig, que cayó de la escalerilla.

Por la ventana de la estancia asomó el marinero Necker.

¿Está usted bien, contramaestre? El francés le iba a atacar con un cuchillo por la espalda y he tenido que disparar.

Ludwig, en el suelo, comprendió que el empujón se lo había dado el cuerpo de Perrault, abatido por el disparo de Necker. Afortunadamente, nunca confió en aquel tipejo y había traído una discreta escolta de dos hombres que les habían seguido a distancia.

Cuando vaciaron la olla, el cabo Smichdt vomitó. Dentro estaban los restos descuartizados del infortunado Conrad.

* * * * *


El Hänsel und Gretel volvía a navegar rumbo a Hamburgo.

Ludwig contaba a Victoria como habían encontrado más restos humanos en un estercolero junto al faro. El maldito Perrault guardaba multitud de piezas e instrumentos de otros barcos, seguramente llegados por casualidad a la isla y luego hundidos por él, tras asesinar y devorar a las tripulaciones.

La desgracia de unos, la suerte de otros. Ahora contamos con cartas correctas, compases y sextantes que funcionan. Vuelves a lograrlo, schwesterchen. Volvemos a casa. Lástima de Conrad.

Siempre lo llevaremos con nosotros. Hay que sobrevivir a toda costa, liebling.


* * * FIN * * *



Este relato participa en el #OrigiReto2020, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog). En sus respectivos blogs podéis ver las normas del reto. En este caso, en el sorteo que realicé, estos son los objetivos y objetos que tocaron para el mes de enero:

Objetivo primario: Historia marítima o que involucre un faro (7)
Primer objetivo secundario: Hansel y Gretel (A)
Segundo objetivo secundario: Hadas (V) nota: île Féerique puede traducirse del francés como Isla de Hadas.
Objetos ocultos: Gamba (15) y Una docena (7)

Estadísticas según https://www.contadordepalabras.com/
2015 Palabras
12025 Caracteres (con espacios)
10077 Caracteres (sin espacios)
73 Párrafos
186 Oraciones



viernes, 3 de enero de 2020

Objetivo personal dentro del OrigiReto2020.


Este año, las jefas estrategas, han planeado todo para favorecer la interacción entre participantes, con los comentarios y las recomendaciones entre todes.

 

Como dictan las reglas, cada mes tenemos que comentar al menos tres relatos de compañeres (y los de las jefas o hasta otros cuatro) y recomendar uno.

 

Solo hay que escribir un relato, con una combinación bastante complicadilla a priori si quieres cumplir con toda la puntuación. Y ya le había cogido cariño o costumbre a lo de relato y micro. O sería síndrome de Estocolmo.

 

Y como aquí hemos venido a jugar, y a aprender, y a practicar, y a divertirnos, y ha merendar… Bueno, esto último a lo mejor no.

 

Como objetivo personal, me voy a complicar la vida aún más.

 

Me comprometo a escribir 6 relatos no acotados en extensión que se enlacen, preferentemente, a los de participantes que recomienden algún relato mio, o en su defecto, a los de participantes que hagan los comentarios más elaborados a mi relato mensual.

 

Me explico:

 

Extensión no acotada

Quiere decir que puede ser un micro o un relato breve. Tampoco esperéis que saque una saga en tres tomos enlazada. Podrá ser un micro de entorno a 1000 caracteres (o menos, o más) o un relato de cerca de 2020 palabras (por exceso o por defecto). Pero sin tener un mínimo ni un máximo fijo de caracteres o palabras. Eso sí, siempre enlazado a algún relato de algún participante.

 

¿Qué participantes?

Como de lo que se trata es de aprender unes de otres, voy a primar la interactividad. En principio, y ya que según las reglas, se promueve recomendar relatos de compañeres, en cada periodo de dos meses, veré si alguien ha recomendado un relato mio. Si es así, enlazaré un relato libre al que ese participante haya presentado ese mes.

 

Si no ha presentado relato, o nadie ha recomendado alguno mio, pasaré a mirar entre quienes hayan comentado mis relatos de esos meses. El comentario que esté más elaborado, en el sentido de que me pueda ayudar más a mejorar por sus consejos o sus críticas, será seleccionado. Y enlazaré un relato libre al de ese mes que haya presentado quien me hizo ese comentario tan útil.

 

Si no hay ni recomendaciones ni comentarios, sacaré a Lucille a batear… XD

 

No, si no hay nade, moriran una docena de gambas, me pondré triste, y miraré entre lo que pueda aprovechar en otro periodo, y habrá dos relatos provenientes de un mismo periodo de dos meses.

 

¿Por qué en periodos de dos meses?¿Por qué 6 relatos?

Porque los cementerios están llenos de valientes y a pesar de complicarse la vida conscientemente, hay que ser prudente y no kamikaze.

Y porque en un periodo de dos meses, hay más probabilidades de que alguien tenga la bendita ocurrencia de recomendar un relato mio, o de hacer un bonito comentario. Tampoco se trata de obligar a nadie, claro.

 

¿De qué forma enlazaré?

Eso también es libre. Intentaré ajustarme al máximo a vuestro relato original, utilizando los mismos personajes o circunstancias, escribiendo una precuela o una secuela, un antes o un después de lo que suceda en el vuestro. Pero también pudiera ser que simplemente me base en vuestro worbuildinglore o como diantres queráis llamarlo. Ya se verá.

 

Y creo que ya está dicho todo.

 

Si queréis preguntar algo, o comentar lo que sea, ya sabéis. Ahí abajo está el cajetín para ello.

 

¡Ánimo a todes en el reto, compañeres!

 

 

domingo, 29 de diciembre de 2019

Esta noche, la libertad


Antes que nada, y siendo este el último escrito del año, unas palabras.

Ha sido un inmenso placer participar, porque al fin me he puesto a escribir, algo que probablemente he deseado toda mi vida, y además he aprendido una barbaridad. Para mi, la puntuación alcanzada es lo de menos. Lo importante era comenzar, y esto hace un año solo era un deseo. Hoy, una realidad.

¡Nos vemos en el OrigiReto2020!

Y ahora sí, el microrrelato, enlazado al relato de enero de PaulusAM, que podéis leer aquí--» Menudo día de botijos.

* * * * *



Lo tramamos hace semanas. En casa piden comida los viernes noche. Aprovechamos una entrega para organizarlo. Ella deslizó una nota escrita en la precinta que certifica el pago del impuesto especial a las bebidas espirituosas. Si supieran lo que eso significa en realidad.

La precinta quedó pegada a la suela del repartidor, sin certeza alguna de si llegará a su destino. Tras dos semanas la esperanza llegó en forma de ticket. Alguien apuntó «PrxV». ¡Próximo viernes, la libertad!

Llega el día. Piden la cena.

Mientras se acomodan y ponen la tele, provocamos un remolino en nuestro interior. El giro de nuestros líquidos provoca un movimiento oscilatorio y como bolos silenciosos nos deslizamos hasta el porche. Suelen dejar la puerta abierta.

El repartidor deja la bici frente al patio y llama al timbre a la hora prevista. Durante la entrega, la mochila térmica abierta junto a la puerta. Al irse, bajo nuestro influjo, el repartidor no nota el peso de un botijo y una botella de «espirituosos» huidos.


* * * F I N * * *


Este microrrelato participa y pone punto final a mi participación en el #OrigiReto2019, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog) ¡Alabadas sean!
En sus respectivos blogs podéis ver las normas del reto. En este caso, en el sorteo de objetivos y objetos que realicé, en diciembre debía escribir un micro con el objetivo 01; que el protagonista principal sea un botijo o un objeto maldito, o se centre en ello, y el objeto oculto 35; una bicicleta.

Estadísticas según https://www.contadordepalabras.com/
167 Palabras
1000 Caracteres (con espacios)
838 Caracteres (sin espacios)
5 Párrafos
17 Oraciones

sábado, 28 de diciembre de 2019

L. calling

Panel mural de la sala de control


 En el espacio abierto al desierto, las parábolas de las antenas se tiñen de un blanco tostado por la luz anaranjada de la tarde que parece desangrarse despacio hasta disolverse en la oscuridad de la noche. El coche aparca frente a la fachada del edificio, tan blanca y cálida como las antenas que se recortan con el horizonte. Las tres personas, uniformadas con los polos blancos y los pantalones crema, bajan y se dirigen charlando a la entrada, de la que les separan apenas una decena de pasos.

—...entonces habría que ver si alguna de las dos especies está en peligro de extinción o no. La verdad, no sé si el pulpo lo estará, por la pesca y eso, pero supongo que el águila tiene más papeletas. ¿Acaso no lo están todas las rapaces en el mundo?

—Sí, ese es un factor a tener muy en cuenta —Pablo coincide con el razonamiento de Amalia—. Pero yo creo que fue una cuestión patriotera. Ya sabéis como son estos americanos con sus símbolos, y el águila calva…

—Creo que en realidad se llama pigargo —apostilla Amalia ajustándose la gafas con el índice.

—Lo que sea, pigargo, águila calva, en fin. ¿No es la que aparece por todos lados en gorras, emblemas, banderas, carteles, …?

—Si hubieran sido gallegos —tercia Gerardo—, el águila esa se salvaba. Pero el pulpo… je, je, je.

—Yo no podría comerme a un bicho inteligente como el pulpo.

—Pues el águila no se planteó eso. ¿O crees tú que un hambriento tiburón blanco que te encontrara nadando en la playa iba a respetar tu intelecto?

—No puedes comparar. —Amalia se dirige a Gerardo en tono paternalista— Estás hablando de dos depredadores irracionales. Pero los humanos sí nos paramos a pensar, y si lo que nos vamos a comer tiene algo parecido a una mente inteligente, pues no sé yo. Da cosa.

—Anda ya. Con su pimentón y sus cachelos. Ese aceitito… uhmmm. Ja, ja, ja. Habría que preguntarle a la jefa, que es de allí. Joder, esa si que está para comérsela, ¿qué no?

—¡Lo llevas claro! —espeta Pablo.

—¿No me crees capaz?

—¿Capaz? ¿Capaz de qué?

—¡De ligármela, coño!

—Ya te lo he dicho, lo llevas claro.

—Ja, ja, ja. Sí, claro clarinete. Como se nota que llevas poco tiempo aquí —confirma Amalia.

—¿Es de las tuyas o qué?

Amalia no soporta el tono en que dice las cosas el operador, pero sabe sobrellevarlo.

—No lo sé. Nadie lo sabe. Sabemos que Silvia vive sola y cuando se habla de familia y tal, ella solo menciona a sus padres, que los tiene allá en su tierriña, y a Agapito.

— ¿Agapito? Ja, ja, ¿un noviete gallego?

—Que no, pesado. Su agapornis —aclara Pablo echándole un capote a Amalia—. Este sí que lo tiene en casa. Pero nunca ha hecho mención ni a novios ni a novias.

—Y no solo eso. En una cena de navidad de hace dos años, Laura, la de administración…

—No la conozco.

—Bueno, pues también la puedes tachar de tus objetivos —la sonrisa de Amalia le deja claro que ella sí podría intentarlo con la administrativa—. Total, que en aquella cena, cuando andábamos ya midiendo las calles entre garito y garito, Laura parece que intentó algo. No sé muy bien, fueron a mear entre dos coches y en algún momento intentó besarla, meterle mano o algo de eso. Cuando volvieron, la jefa se despidió y se largo en un taxi. Laura nunca nos explicó los detalles, pero nos aconsejó que nadie lo volviera a intentar. Estuvieron unos días un tanto tensas, pero luego nada. Verás que son muy buenas amigas. Bueno, la jefa en realidad, es tan buena jefa como amiga de todo el grupo prácticamente. Eso sí, nunca te pases un pelo con ella.

Tras dar el relevo al turno de tarde se sientan, rodeados por dos o tres monitores en cada puesto y frente al gran panel audiovisual de la pared. Allí se muestran un mapa estelar, un plano con la disposición de las antenas y un apartado con varias representaciones diferentes de un mismo espectrograma con apariencia plana y anodina.

—Bueno, vamos allá. Pablo ¿Qué objetivo tenemos hoy?

—Pues para empezar —explica consultando la programación—, tenemos una primera ventana de escucha entre las 22:13 y las 03:27. Apuntaremos a la estrella de Luyten a ver si nos responde alguien. O algo.

—Ok. Gerardo, introduce las coordenadas, nos quedan 10 minutos para posicionar las antenas. ¿Y luego?

—Analítica de grabaciones, vamos por las de septiembre de 2031. Y mientras, darle respaldo al hemisferio sur que les toca… sí, la secuencia 331 hacia el Sistema Ran y las lunas de Aegir.

—¿Qué tiene la 331? ¿Algo que podamos escuchar o tendremos que tirar de nuestras listas de reproducción? Como sea así te aviso, Pablo, nada de étnica. —Advierte la radioastrónoma y jefa de turno.

—Deberías mostrarle más respeto a la música étnica. Al fin y al cabo, de ahí proviene todo lo que emitimos a las estrellas. —justifica el técnico de sonido.

—Sí, sí. Pero eso que tu llamas étnica no son más que pastiches modernos metidos a la fuerza en el negocio aquel de la new age desde los 80 del siglo pasado. Y si es algo puro y ancestral de verdad, no hay dios que lo escuche.

Pablo vuelve los ojos en blanco en signo de rendición y lee la lista de reproducción 331.

—A ver, tras la intro, hay un motete alemán del s. xiii...

—¡Maravilloso! —dice con sorna Amalia.

Biiieeen —lanza una exclamación susurrada Gerardo.

—...las danzas góticas de Satie…

Gerardo contesta con la imitación de un ronquido —Zzz...—, y Amalia con un claro y sonoro —¡No jodas!

—Esperad, Esta es buena. La música nocturna en las calles de Madrid de Boccherini.

Amalia asiente con la cabeza.

—Me vale para empezar. No viene mal para acompañar un cafelito, que la noche es larga.

—Yo me apunto, pero que sea carajillo —responde animoso Gerardo—, que a mi el barroco no me entra sin condimento.

—Pues ya sabes. A mi me pones uno solo bien cargado. Pablo, ¿tú?

—Con leche sin lactosa y calentito, gracias —indica este con una sonrisilla a su compañero.

— Mancha de cabrones— balbucea el operador de sistemas, mientras se dirige al rincón junto al extintor, donde tienen instalado un modesto office con la cafetera, el microondas, la pequeña nevera y el armario donde guardan las viandas y chucherías.

—Y, obviando que es renacentista y no barroca, ¿qué más tenemos?

Pablo se traga una carcajada para no mofarse del error de su compañero que, aunque está ocupado con la cafetera, podría ver herida su susceptibilidad. Y continua revisando la playlist.

—Pues a ver, del s. xx tenemos algo de The Smiths y... ¡Ey!¡Quizás te guste esta antigualla de 1979!

—¿No será algo de aquello de, cómo lo llamabas, «la movida»?

—¡No! Joder, Amalia. Algo que al final resultó premonitorio. Deberías tener muy en cuenta este grupo. Si no recuerdo mal compusieron esta canción porque el local donde ensayaban, o el apartamento donde alguno vivía, estaba a las orillas del Támesis. Tenían miedo a una gran inundación. Así que ya preveían los efectos del calentamiento global.

—Y tanto. Con el nivel actual, ese sitio debe ser el reino del cangrejo.

—Pues seguro —indica mientras selecciona la pista y la pasa a los altavoces de sala. —Bueno, escucha esto.




El London Calling de The Clash invade con ritmo marcial las instalaciones del observatorio, fluyendo desde la sala de control por pasillos y despachos vacíos en aquellas horas nocturnas.

Pisando fuerte al modo militar y al ritmo de la canción, Gerardo regresa a las consolas portando las bebidas, que reparte a sus destinatarios. Luego se sienta en su puesto e informa del posicionamiento correcto de las antenas para iniciar, según sus palabras textuales «otra tediosa escucha de la estrellita de marras».

Se refiere a GJ273, la Estrella de Luyten. Primera hacia la que se emitieron las señales del Sonar Calling en 2018 y seleccionada por tener un planeta, GJ273b, orbitándola en su zona de habitabilidad. A 12’4 años luz, aquellas señales alcanzaron su objetivo en 2030. Pablo siempre había pensado de aquel germen del actual programa que emitieron fragmentos demasiado experimentales. Si alguna inteligencia con órganos auditivos respondía a aquello no dudaba que lo haría con una declaración de guerra, por torturarles.

Cuando en los años 20 el programa pasa a manos de Unión Mundial de Radioastronomía, se desarrolla el protocolo de contacto. Cada emisión consta de una introducción en sistema binario con las secuencias matemáticas habituales para indicar que en las coordenadas de la Tierra existe una civilización de casi tipo I, y a continuación, una selección de músicas de todos los tiempos y culturas. Se seleccionan sistemas solares susceptibles de albergar vida y con edad suficiente para que esta se haya desarrollado hasta una etapa tecnológica capaz de escucharnos y, sobre todo, respondernos.

—Ok. Alineación afirmativa —colaciona Amalia—. Escucha activa en tres, dos, uno.

Durante la cuenta regresiva, Amalia dirige su mirada hacia Gerardo, quien tiene preparado el dedo frente a la pantalla para pulsar el botón de grabación. A la cuenta de uno, Amalia da la orden con sus rubicundas cejas, Gerardo toca la pantalla y un testigo rojo aparece junto a los espectrogramas del panel mural indicando la grabación de la escucha. Inmediatamente, los espectrogramas cobran vida, se excitan dibujando valles y crestas, franjas de colores que se corresponden con intensidades nunca antes observadas.

—¡Wow! —clama Gerardo, asombrado y paralizado frente a su puesto, sin dejar de mirar al panel.

Pablo reacciona con rapidez poniéndose los cascos y accediendo a la aplicación del ecualizador, mientras Amalia se gira para echarse las manos a la cabeza ante lo que ve en el panel.

—Es…, es…, ¿qué es eso? —los balbuceos de Amalia son de incredulidad—. No puede ser una señal inteligente. Decidme que es, no sé… una supernova o algo. ¿Verdad?

La música se detiene. Pablo se levanta bajándose los cascos para dejarlos abrazando su cuello.

—¡Parad! Parad, parad, parad —grita atropellando sus palabras—. Tenéis que escuchar esto. Lo pongo por los altavoces.




La sala se inunda con un extraño sonido orgánico. Parece medio sintético, medio gutural. Aunque es difícil imaginar un ser vivo con semejante garganta o un aparato fonador capaz de emitir esos sonidos. Suenan más de dos tonos a la vez, complementándose mediante armónicos y secuencias rítmicas.

—¿Son varias voc…? —Amalia rectifica antes de terminar, sus filtros racionales no le permiten expresar la idea que azota su mente— Varios instrumentos, ¿verdad?

—Os diré a lo que me suena a mí —Pablo habla con autoridad, el sonido es su especialidad. Comprende mejor que cualquiera de ellos todo lo que engloba la música, la armonía, la rítmica, las melodías y los matices. Y las voces—. Me suena al khöömii, la técnica de canto de los chamanes de las estepas de Asia. Para muchos pueblos indígenas como los Tuva de Siberia, los Xhosa de Sudáfrica o los Inuit del Polo, el canto de armónicos equivale al lenguaje de la naturaleza. Es como un ADN sonoro que comparten y comprenden los espíritus de todos los seres vivos. Los chamanes de esas tribus ancestrales cuentan que cantando son capaces de transmitir imágenes directas a la mente de otra persona o animal. Creen que la espiritualidad de los ríos o las montañas se manifiesta mediante los sonidos que producen y que hasta el eco de una roca rebotando en un desfiladero está impregnado de su espíritu. 

»Y ahora, compañeros, estamos oyendo el eco de una lejana roca. Una roca que sin duda está poblada por almas, o conciencias si lo preferís. Seres conscientes e inteligentes que están respondiendo a nuestra música con la suya. A nuestros espíritus con los suyos.

»El filósofo Schopenhauer dijo que la música puede ser comparada a una lengua universal, cuya claridad y elocuencia supera a todos los idiomas de la tierra. Y tal vez —sentencia señalando al panel—, a cualquier otro lenguaje en cualquier rincón del universo.

Gerardo, nervioso, expresa en alto un deseo.


—Solo espero que no les guste el pulpo.

* * * F I N * * *


Este relato participa en el #OrigiReto2019, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog). En sus respectivos blogs podéis ver las normas del reto. En este caso, en el sorteo de objetivos y objetos que realicé, en diciembre debía escribir un relato con el objetivo 03; que la música tenga un papel relevante, y los objetos ocultos 16; una persona ACE (Silvia, la jefa) y 08; un extintor.



Estadísticas según https://www.contadordepalabras.com/


2018     Palabras
11713   Caracteres (con espacios)
9760     Caracteres (sin espacios)
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viernes, 29 de noviembre de 2019

Catarro veraniego

El director Zhao reiteró la reverencia mientras hacía entrega del sobre al sr. Park Gen Su.

—Aquí está todo. El informe médico de su esposa va en su propio sobre cerrado dentro de este. Toda la documentación relativa a la reunificación familiar también.

—Le vuelvo a repetir— el surcoreano se expresaba con bastante ansiedad pero intentando mostrarse respetuoso— que de reunificarnos sería en el Sur. Podemos acoger a nuestros familiares en casa, tenemos sitio suficiente para mi cuñado y mi prima.

El sr. Zhao dirigió una mirada autoritaria al doctor Shuy.

—No se altere, sr. Park —intervino el doctor—, o me obligará a administrarle un calmante.

El señor Park bajó la mirada, recogió el sobre y marchó escoltado por los guardias que les conducirían a Hyesan, en la Corea del Norte.

Cuando quedaron solos, el director señaló al doctor.

—Cúrele ese resfriado al Cthulhu antes de que vuelva a toser y lo destroce todo. Ocultarlo bajo un parque acuático no fue una decisión muy sabia.

—Ella no recordará nada.

* * * FIN * * *

Este microrrelato participa en el #OrigiReto2019, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog). En sus respectivos blogs podéis ver las normas del reto. En este caso, en el sorteo de objetivos y objetos que realicé, en septiembre debía escribir un micro con el objetivo 21; que suceda en un parque de atracciones, y el objeto oculto 6; un informe médico.

Está enlazado al relato Vacaciones, escrito en agosto por la compañera y jefa de reto Kat. Para su mejor comprensión debierais leerlo, antes o después. https://plumakatty.blogspot.com/2019/08/relato-vacaciones-origireto2019-agosto.html?m=1

PD: Estoy publicando con el móvil y no sé como se verá. La semana que viene, ya en casa, arreglaré lo que sea necesario.

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domingo, 24 de noviembre de 2019

Sacadlo a la luz

—Aún recuerdo octubre. Empecé a documentarme sobre la vida de Heisenberg y la bomba nazi, y acabé escribiendo sobre un arrantzale vasco. Y eso que incluso me leí el texto de la obra de teatro esa, Copenhague. Increíble, ¿Cómo puede alguien hacer una obra de teatro con tres personajes dialogando sobre la invención de la bomba atómica? Explícamelo tú.

—¿Cómo? Pues cómo va a ser. Haciéndolo, como todo, que es lo que deberías estar haciendo tú ahora mismo.

—No me agobies. Llevo todo el puñetero mes dándole vueltas y no se me ocurre nada.

—Sí, claro.

—Cómo que «sí, claro». ¿Acaso insinúas algo?

—¿Insinuar? ¿Yo? Nooo, que va, lumbrera de la escritura. Te lo estoy diciendo a la cara. No has hecho nada en todo el mes.

—¡No se me ha ocurrido nada!

—Porque no te has puesto en serio. Como el mes pasado.

—Eh, para el carro. El mes pasado entregué mi relato. Sí, que no llegué a hacer el micro, pero… No sé. Quizás es que se acaba el año, o los objetivos (recuerda que los sorteé al principio) y ya solo me quedan dos…

—¿Seguro que dos? ¿Solo?

—A ver, bueno, sí. Dos para relatos y dos para micro.

Meeeh, ¡error!

—¿Cómo que…? Este mes y diciembre. Dos.

—Para relatos sí, según tu sorteo. Pero para micro, te quedan tres. El del mes pasado lo puedes recuperar.

—Ah, bueno. Eh…, no sé ahora mismo…

—Piensa, que para eso te apuntaste al Origireto. Puedes recuperar un mes con… con… bueno, con cosas. Eventos de esos. Participaste en ellos, ¿verdad?

—Esto… No. No en todos.

—¡Valiente actitud! ¿No querías escribir?Pues si te apuntas a esto es para cumplir con todo.

—Ya, bueno. Que hay una vida a la que sobrevivir ahí afuera. No puedo dedicarle todo el tiempo al Origi…

Hiy ini vidi ihi fiira… Bla, bla, bla. Espabila si quieres llegar a algo en la escritura. Te apuntas a un reto, cumples, como un señor que diría el Umbrales ese y, para cuando te das cuenta, has acumulado un porrón de experiencia y aprendido un par de trucos, al menos.

—…

—¡No, si te me echaras a lloriquear y todo!

—Déjame respirar, cagontó.

—Sí, venga. Respira como Homer; uno, dos, tres, yo me calmaré (repite conmigo), cuatro, cinco, seis, todos lo veréis.

—Ya vale, ¿no?

—Bueno venga. A ver, ¿de qué demonios tienes que escribir?

—No. Demonios no, por esta vez. Ángeles.

—¿Tienes que escribir un relato sobre ángeles?

—No exactamente…

—¡Ja! ¡Cagada! Has usado un adverbio acabado en -mente. ¿No aprendiste nada de Stephen King? En su libro «Mientras escribo», dice que…

—Ya, ya ¡YA! Ya sé lo que dice, pero realmente no lo prohíbe.

—Ja, ja, ja. Pero qué torpe, madre mía. Lo has vuelto a hacer. «Realmente» lo has hecho, ja, ja,ja.

—JOOODER. Oye, ¿vas a estar así todo el rato troleando o has venido a ayudar?

—Bueno, bueno. Sabes que tenía que puntualizarlo. Venga, vamos al lío. ¿Decías que el relato iba de…?

«Ay, qué cruz».
»Mierda. Ahora se me ocurre que no sé como podría meter un pensamiento o un comentario medio susurrado en un texto de diálogo alternado entre dos personajes. Podría probar a indicarlo con las comillas españolas de apertura y luego escribir en cursiva, pero no sé si poner una raya de diálogo antes o después. Es que si cambio de línea y pongo el pensamiento en una y lo que diga con su raya a continuación, va a parecer que cambia de orador y se va a armar el lío padre…

—Eh, «Cervantes». Espabila.

—Pero que hij…

—¡Chsss, chsss, chsss! Cuida tus palabras, pluma por consagrar.

—Pero es que no es justo. Te has metido en mis pensamientos y has usado la duda que me asaltaba. Has usado las putas comillas latinas, y en medio del diálogo también.

—Correcto, tú lo has dicho. «Tan bien» que las he usado. No como tú. ¡Uy! Perdón. Es que me salen solas, ji, ji, ji.

—¡Ya basta! Si nos seguimos enzarzando en estos tomas y dacas, no llegaremos a ningún lado. Eres peor que las moscas, que al pasar se te llevan con ellas tu alma al cielo.

—¡Oh! Qué poético, madre mía. Por cierto, antes de que cojas la vereda entre Alberti y Fuertes y  hablando de almas en el cielo. Estábamos diciendo que tenías que escribir sobre ángeles ¿y qué más?

—Vale, a ver. Ese es uno de los objetivos. Y el otro, la plaga de babosas.

— Ja, ja, ja. Siempre me hizo gracia ese. ¿De dónde diantres sacarán esas ideas?

—Pues, el ángel no sé, pero lo de las babosas creo que era por una plaga real que sufrió Kat. Debe ser por la humedad del patio y ya sabes, los gasterópodos no son muy compatibles con la jardinería.

—Pero quieres dejar de ponerte en plan técnico a la mínima oportunidad. Gasterópodos dice. ¡Que no estás en el trabajo!

—Eh… Bueno, en realidad sí. Me toca guardia este finde. Y sabes que si el día está tranquilo, suelo aprovechar para darle un poco a la tecla.

—Muy «profesional». Bravo.

—Oh, vamos. En invierno no hay tanto que hacer. Y los tengo a todos atendidos, comidos, instalaciones limpias. Una llamada hubo hoy; he gestionado el aviso y estoy a la espera de que llegue el nuevo paciente. Entre medias, ¡digo yo que podré dedicarme un poco a la escritura!

—Sí, me parece perfecto. Para escribir hay que inventarse la horas, literalmente.

—¡JA, JA, JAAA!

—¿Qué?

—Ja, ja, ja. Lo sabía.

—¿Pero qué dices? ¿Qué es lo que sabías?

—Pfff, es que ni te has dado cuenta aún.

—¡Oye! ¿De qué tengo que darme cuenta, «Vallinclán»?

—Joooder. Ya van dos.

—Te meto con el tintero, eh. ¿Qué estás hablando?

—No estoy hablando, estoy escribiendo. Eso para empezar.

—Sí, sí. Lo que tu digas. Pero, ¿que a qué viene tanta risita, personaje?

—Uuuh, personaje me llamas. Sí que te estás ofendiendo. Aquí el único personaje eres tú. Yo escribo, escribo relatos, historias. Historias donde hay personajes como tú, que eres uno de los personajes más oscuros que se pueden cruzar en el camino de autores y autoras.

—¿Cómo? Yo, ¿un personaje oscuro?

—Sí. Oscuro casi negro. Pero al que es tan fácil vencer…, tan fácil y tan difícil. Pero solo hay una forma para ello, escribir. A ti, mequetrefe con aires de grandeza y pies de barro, solo se te vence escribiendo. Escribiendo tu historia y ridiculizándote. Así que ahora puedo echarte en cara que tú también has usado un puto adverbio acabado en -mente.

—¿Yo?¿Cuando?

—Justo antes de cagarla por segunda vez seguida, porque se dice Valle-Inclán, que era como firmaba Ramón María y que, para más señas, era un pseudónimo. Así que, personajillo, yo este mes tenía que escribir o bien una obra de teatro, cosa que se le daba de vicio al citado, o bien escribir el relato solo con diálogos. Y aquí llevamos tú y yo, dialogando desde el comienzo de los tiempos, como siempre, pero esta vez por escrito. Y debía al menos, mencionar al ángel y a la plaga de babosas. Sendos objetivos han aparecido en nuestro diálogo, figura. Así que, reto cumplido.

—Uhmmm… Vaya. No te lo puedo negar, ya has superado las mil palabras, incluso. Si lo que pretendes presentar como relato de noviembre es nuestro diálogo…

—Diálogo interior, no se te olvide. Seguro que de una forma u otra, los compañeros y compañeras del Origireto y cualquiera que pretenda dedicarse a la literatura, sea como afición o como profesión, o incluso quien ya haya publicado cosas, tienen a alguien como tú acechando en la oscuridad de sus escritorios cuando se sientan en soledad delante del teclado o el bolígrafo. Hasta que lo saquen a luz, lo expongan, y mueran como morirás tú, infame ¡IMPOSTOR!

—NOOO…



—Magnífico. Y una vez acabado con el impostor y su síndrome… ¡Vamos a por el micro!



* * * CONTINUARÁ * * *

Este relato participa en el #OrigiReto2019, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog). En sus respectivos blogs podéis ver las normas del reto. En este caso, en el sorteo de objetivos y objetos que realicé, en noviembre debía escribir un relato con el objetivo 22; escribirlo solo con diálogos o en forma de teatro, y los objetos ocultos 20; un ángel y 18; la plaga de babosas.




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