sábado, 31 de agosto de 2019

Debe ser amor


Después de todo, es lo más parecido al querer a lo que se puede aspirar desde que todo se fue a la mierda.

Al principio pensé que iba a ser su presa, como lo fue mi familia de aquella caótica banda.

Yo huí, los dejé atrás.

Entonces él me encontró, me escondió y me salvó de ellos.

Aún recuerdo como me sujetaba y me aprisionaba la boca para que aquella niña asustada que era, no gritara mientras ellos pasaban de largo.

Con el tiempo pensé que me tenía de mascota; cuidaba de mí, yo le daba compañía. Y me conformaba.

No sé muy bien cómo pasó. Nunca me había dado muestras de afecto, pero cultivó algún tipo de relación.

Crecí y cuando la primera sangre llegó, las miradas de deseo también.

Al principio, me resistí.

No valió de nada.

Luego, dadas las circunstancias… Irremediable.

Necesario quizás.

Ahora llevo a su hijo en mi vientre.

Eso debe significar algo.

Me da las mejores raciones.

Siempre dice que debo alimentar a dos.

Y su mirada es distinta.

Como cuando caza y asa un pollo.

Debe ser amor.



* * *

Este microrrelato participa en el #OrigiReto2019, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog). En sus respectivos blogs podéis ver las normas del reto. En este caso, en el sorteo de objetivos y objetos que realicé, en agosto debía escribir un microrrelato con el objetivo 23; que tratara sobre un embarazo fuera de lo corriente o sobre algo poco conocido del mismo, protagonizado por la madre, no por el bebé, y con objetos ocultos 12; mascota.

Por motivos personales, cambié el objetivo por el del relato, pues no puedo enfrentarme este año a escribir sobre un embarazo. Veía difícil hacer cualquier cosa con este objetivo. Lo único que se me ocurría era esto, cambiar ese objetivo para un micro. Al menos debería escribir menos y por tanto pensar. Aunque dudaba que finalmente pudiera escribir nada. Pero, llegó Brayan  con su relato El rescate, y me dio una oportunidad única. Espero no degradar demasiado la esencia de dicho relato, que tenéis que leer, porque es muy bueno.

Estadísticas según https://www.contadordepalabras.com/
185 Palabras
984 Caracteres (con espacios)
818 Caracteres (sin espacios)
Párrafos 19
Oraciones 21

Ojos que miran al cielo

De Felipe González de Haedo - Per above, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2083559


A Hawaikiti le encantaba aquella época del año. No solo por la ceremonia del primer huevo, que además de servir para elegir al nuevo rey, congregaba a todos los clanes en el mismo lugar de la isla por única vez en el año, propiciando el encuentro entre los adolescentes que acababan de abandonar la niñez y los jóvenes que ya la abandonaron el año anterior. Era un tiempo de descubrimientos, citas furtivas y aventuras fundamentales. El tiempo del cambio. Cuando acabara la ceremonia, la isla tendría un nuevo rey, su clan ostentaría el rango de clase alta y los jóvenes del mismo, podrían elegir a sus parejas entre los otros.

Un año más, todo cambiaría en el ombligo del mundo, para seguir igual en la isla de Te pito te henua.

Los vientos alisios traían la humedad recogida durante miles de millas a la redonda. Al chocar con la elevación súbita de aquellas islas, surgía la bruma baja que a medida que ascendía hasta la cumbre del cráter principal, se transformaba en nubes densas y grises que se colocarían a modo de etéreo pero contundente sombrero. Pero ahora, la aurora estaba deshaciendo aquellas nubes que habían coronado durante la noche al volcán, alumbrando de dorado el verdor exuberante de las laderas.

A veces, colapsaban por el propio peso de tanta humedad oceánica y descargaban una lluvia pesada y breve, que alimentaba el lago que ocupaba el interior del cráter volcánico y formaba regueros de agua terrosa desde los bordes hacia los llanos y las costas.

No era extraño que algunos de los espontáneos arroyos cortaran en algún momento alguno de los caminos de tierra que, trazados cuando las primeras piedras que caminaron en tiempos anteriores a la llegada del pueblo rapanui, ahora se aprovechaban como carreteras para comunicar todos los rincones en la isla.

Así de inestable se mostraba la nueva primavera mientras llegaba, anunciándose en el vuelo de los Manutara, que comenzaban a establecerse en los motus del suroeste. Y al igual que las aves se concentraban en aquellos islotes, los clanes también se agrupaban ya en la bahía de Hanga roa.

Los isleños esperaban con impaciencia a que los sacerdotes novicios, encargados de escudriñar los motus desde el borde del Rano kao desde hacía tres semanas, señalaran el momento oportuno. El tercer aviso, cuando sonara, actuaría como si a cada lugareño le clavaran una jeringuilla cargada de adrenalina. Las gargantas se desharían en gritos y alaridos de júbilo. Las piernas patearían desbocadas la ladera del volcán para rodearlo y encaramarse en las terrazas naturales desde donde observar el mar.

Aquel mar donde el destino de los hombres-pájaro, y con ellos el de la isla entera, se jugaría a vida o muerte.

Quedaba poco, pues ya se habían observado hacía diez días que los sobrevuelos al Motu Kao Kao eran infructuosos, pues era siempre el primero en completar la población nidificante al ser el más pequeño de los tres. Cuatro días más tarde, dieron el segundo aviso haciendo sonar el coro de caracolas, señalando que en el Motu Iti ya no cabían más nidos y las aves continuaban asentándose en el Motu Nui, la colonia principal en el islote sagrado.

Pronto llegaría el momento de los hopu manu, los aspirantes a hombres-pájaro.

Hawaikiti no estaría entre ellos. El patrocinado de su clan sería otro, pues en la selección previa, el ariki lo había rápidamente catalogado entre los descartados como «enclenque y sin valor». Los descartados, aún respetando rigurosamente la decisión de su jefe tribal, acatándola en silencio y sin expresión alguna, solían avergonzarse y sin dejar que las lágrimas y la tristeza se reflejaran en su rostro, aguantaban con un estoicismo apabullante la desdicha de ser eso, un mero descarte.

Hawaikiti tampoco reflejó nada, salvo un leve destello en sus ojos que sus padres, presentes como los demás en la selección, interpretaron con tristeza y orgullo como el intento de aguantar las lágrimas del pundonor.

En realidad, era la lucha interna para aguantar la sonrisa. Si no fuera contra el tapu, hubiera soltado un inmensa carcajada, en parte porque aquellas tradiciones demostrativas de heroísmo, virilidad y testosterona se la traían al pairo. Sobre todo, sería una risa de felicidad.

Felicidad que se había iniciado días antes cuando, escondida junto a la señora del ahu Vinapu, un moai femenino derribado, había encontrado una tablilla que imitaba los caracteres rongo rongo de la verdadera tabla fundacional del ahu Nau Nau, en el extremo norte de la isla. Ese sería el lugar de su definitiva cita, la playa de Nau Nau.

Cuando se conocieron hacía unas semanas, Hawaikiti y Afuhoki, ambos habían visto algo especial en el otro. Una mirada furtiva que hace deslizar la del otro hacia la hierba. Una sonrisa tímida que es contestada por otra temeraria. Un cruzarse en el camino, porque sus caminos siempre terminan por confluir. Y las palabras.

Palabras dichas y escuchadas en atardeceres solitarios. Primero como oraciones que flotaban en los mutuos anhelos, en la soledad de cada choza. Después, como preguntas que buscaban confirmar las propias intuiciones y respuestas que afianzaban la igualdad de pareceres. La soledad no era ya tanta, cuando dos sombras se recortaban frente al sol de Poniente. Ahora era intimidad, plácida y tranquila. El sosiego y la paz de dos iguales que se encuentran.

Arriba, en el cónclave de Orongo, los sacerdotes recitaban una y otra vez la sucesión de reyes que gobernaron la isla tras la llegada desde las ancestrales tierras hundidas de Hiva. También imploraban al dios Make Make que intercediera por ariki más digno de ser nombrado sucesor del linaje real como tangata hoa manu, el rey de todos los clanes durante el año siguiente. Para ello, la suerte, la habilidad o incluso el favor del dios debía acompañar al hopu manu que representara a ese futuro rey, para regresar sano y salvo, él y el huevo de manutara.

No era nada fácil. Trescientos metros de alocada bajada por la ladera rocosa para alcanzar cuanto antes el mar, nadar casi kilómetro y medio para trepar al Motu Nui, coger un huevo bajo el bombardeo de heces de una colonia entera de aves marinas que intentarían atacar a los ojos del humano. Y una vez conseguido, tras gritar el nombre de su ariki, regresar con el huevo intacto hasta Orongo, deshaciendo todo el camino y volviendo a enfrentarse a los mismos riesgos. No todos regresarían. Puede que ninguno, y nada cambiaría. El tangata hoa manu actual continuaría un año más.

Toda la ceremonia y competición les llevaría un buen rato por mucho que corrieran. Justo lo que necesitaban Hawaikiti y Afuhoki para encontrarse, pues cada uno por un camino distinto, aprovecharían para encontrarse en el norte de la isla. La tablilla dejada por Afuhoki quería decir que en aquella pequeña playa rodeada de palmeras y toromiros, había dejado preparada una barca de totora. En ella tenían planeado huir, lanzarse a la mar de aguas eternas, con la esperanza de que, al igual que en un tiempo remoto el primer ariki, Hotu Matua, trajo a su pueblo huyendo del hundimiento de la vieja tierra de Hiva, ellos alcanzarían una nueva tierra en algún lugar.

Un lugar donde las cosas fueran diferentes y ellos, un orejas largas y un orejas cortas, pudieran tratarse de igual a igual. Y amarse deshaciendo el tapu que les hacía presos en aquel pedazo de roca, bajo la impertérrita y temible mirada de los moais.

Hawaitiki llegó corriendo, veloz como un pez que huye de los tiburones. Descendió la pequeña cuesta que de roca y hierba pasaba a arena coralina y pequeñas conchas. Paró un segundo para buscar a lo largo de la orilla. Y allí estaba, la barca de totora flotando como en un sueño. Reemprendió la carrera. Podía ya ver que alguien esperaba de pie sobre ella, mirando al mar.

—¡Afu! ¡Afu! Ya llego. ¡Afu!

Pero Afuhoki no se volvió. Continuaba embelesado observando el horizonte.

Hawaikiti llegó a la misma orilla, mojándose los pies primero y adentrándose hasta que el agua cubrió sus muslos. Agarró las fibras de totora del estabilizador de estribor y miró a cubierta.

—Afu ¿qué pasa? ¿Algo va mal? – preguntó con cierto temor.

Afuhoki se volvió a mirarle con un semblante extraño, serio. Con un gesto decaído, señaló hacia un punto en el mar y dijo: —Ahora sí. Todo va a cambiar.

Ambos miraron en la dirección señalada. Tres enormes y extraños barcos, con tantas velas blancas como las hojas del toromiro, se acercaban.


»Diario de a bordo de la fragata Tienhoven del 5 de abril del año 1722, domingo de Pascua.
Tras casi dos meses de navegación, avistamos una isla a 3 cuartas a babor. Lo hemos comunicado al almirante Roggeveen que ha dado orden de aproximarnos en busca de provisiones. Oramos para que los nativos que hubiere, se muestren temerosos de Dios y no ofendan al altísimo ni a nuestros ojos.

* * * 

Este relato participa en el #OrigiReto2019, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog). En sus respectivos blogs podéis ver las normas del reto. En este caso, en el sorteo de objetivos y objetos que realicé (y con un intercambio de objetivos entre relato y micro por cuestiones personales), en agosto debía escribir un relato con el objetivo 20; una cita que resulte ser un desastre, y los objetos ocultos 3; jeringuilla y 36; estátua de piedra.

Estadísticas según https://www.contadordepalabras.com/
1483 Palabras
8723 Caracteres (con espacios)
7267 Caracteres (sin espacios)
Párrafos 30
Oraciones 83


domingo, 28 de julio de 2019

Un viernes como otro cualquiera



Luís miraba con desgana el grupo de mensajería de sus amiges.

Todes se estaban preparando para la noche, soltando burradas a cada cual más explicita mientras exponían sus preferencias. Unes describían con pelos y señales la virilidades del portero de un pub, otres señalaban el voluptuoso busto de cierta camarera de otro garito.

A él le aburría tanto alardeo sexual. ¿Es qué nadie podía pensar en simplemente salir a charlar entre copa y copa, escuchando buena música? Otra noche más, aguantándoles y esquivando insinuaciones de unos y otras.

Entonces llegó el mensaje que parecía cambiarlo todo.

El 112 Inverso alertaba escuetamente: «Virus peligroso liberado por accidente. Permanezcan en sus domicilios y sellen cualquier ventilación incluidas puertas y ventanas. Ayuda médica en camino.» Del susto, el terminal se le cayó de las manos.

Por fortuna aún funcionaba al recogerlo, pero multitud de grietas con forma de telaraña cubrían una gran parte de la pantalla.

 * * *

Este microrrelato participa en el #OrigiReto2019, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog). En sus respectivos blogs podéis ver las normas del reto.

En este caso, en el sorteo de objetivos y objetos que realicé, en julio debía escribir un micro con el objetivo 8; que sea distópico o apocalíptico (pre, post o durante el apocalipsis), y de objeto oculto el 13; un mensaje vía whatsapp, SMS... (el 112 Inverso aún no se ha implantado en la UE y no sabemos aún sí será vía SMS o por mensajería de red). Enlaza con el relato de abril de Marve, La última constante. Lo entenderéis todo mejor si lo leéis, claro.

Estadísticas según https://www.contadordepalabras.com/


  • 153Palabras
  • 963Caracteres (con espacios)
  • 815Caracteres (sin espacios)
  • Párrafos5
  • Oraciones11
  • sábado, 29 de junio de 2019

    Sopa de tiburón


    Nota previa: Este microrrelato es un fanfic de mi película favorita; Tiburón (Título original: Jaws. Director: Spielberg. Año: 1975. Basada en una novela de Peter Benchley). Recomiendo, si no tenéis las voces y los personajes grabados a fuego en vuestra mente, ver antes el video de la mítica escena con el relato del Indianapolis contado por Robert Shaw en el papel del capitán Sam Quint a bordo del Orca. Así podréis ponerle la voz del gran actor de doblaje español, Arsenio Corsellas.

    Pulsa la imagen para ir a la escena.
    Pulsa aquí para ir a la escena


    * * *

    Quint miró de soslayo a Brody.

    Jefe, por todos los demonios, sean de mar o tierra ¿sigue usted a bordo o se ha caído por la borda? —Se rascó bajo la gorra tratando de entender la pregunta del policía, o más bien, cómo preguntaba eso. Creía que tras lo que había contado sería obvio.

    Señaló con la navaja con la que pelaba la fruta dirigiéndose al otro pasajero. —Hooper, espero que a usted le haya quedado claro o les pasaré por la quilla ambos.

    »No obstante… ¿Recuerdan lo que les conté de Robinson, mi amigo jugador de béisbol? Formábamos un trío estupendo con otro tipo, Bruce Benchley, al que llamábamos BB. Justo antes de que el Indianapolis se uniera a las joyas de Atlantis, me lo cruce por el pasillo. Llevaba un petate con algunas cosas cogidas en cocinas mientras evacuábamos. —Apuntó de nuevo a Brody—. Esa lata de sopa de aleta de tiburón entre ellas. Caducaba justo el 29 de junio del 45.

    »La conservo porque es la única carne de pez que no lleva parte alguna de la de mis compañeros.

    * * *


    Este microrrelato participa en el #OrigiReto2019, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog). En sus respectivos blogs podéis ver las normas del reto. En este caso, en el sorteo de objetivos y objetos que realicé, en junio debía escribir un micro con el objetivo 17; escribir un fanfic, y con el objeto oculto 9; una lata de conservas caducada.

    Estadísticas según https://www.contadordepalabras.com/

    183 Palabras
    995 Caracteres (con espacios)
    818 Caracteres (sin espacios)
    Párrafos 5
    Oraciones 14


    Me ha resultado muy complicado encontrar modo de enlazar con algún relato. A punto estuve de dejarlo sin enlazar, pero al final pude hacerlo con el relato de enero de Spike «La joya de Atlantis» https://lacriptadespike.wordpress.com/2019/01/18/relato-la-joya-de-atlantis/

    sábado, 25 de mayo de 2019

    Sol.la

    Andrea salió de su alcoba con la toalla al hombro. Se fue desnudando por el camino, dejando caer al suelo cada prenda en un reguero que conducía hacia el baño.

    Tapó con ella el espejo. Estaba empañado por el vaho de la bañera. La imagen reflejada era una borrosa silueta del color de su piel que no quiso mirar.

    Hoy necesitaba imaginar y sentir su cuerpo. Ser feliz casi al completo.

    Probó la temperatura del agua. Su colorido pez de silicona se activó al detectarla.

    Se sentó dejando que las ondas producidas acariciaran en vaivén sus pezones, ahora del todo sensibles.

    Dio la orden de voz. Su canción preferida comenzó a sonar y la IA del pececillo supo adonde dirigirlo.

    Ella abrió sus piernas con deseo y notó el suave roce ondulante mientras pasaba despacio entre sus muslos.

    Dispuesto a reaccionar al ritmo que el cuerpo de Andrea pidiera, el pez abrió su boca y comenzó a succionar su aún flácido pene.


    “Quisiera ser un pez
    para tocar mi nariz
    en tu pecera
    y hacer burbujas de amor
    por donde quiera.” 


    https://open.spotify.com/track/0eHPO1Yf0bTiqEk7KXittl?si=G99r15eQTa-jw-vRaT3qdQ
    Korea Institute for Robot Industry Advancement


    Este microrrelato participa en el #OrigiReto2019, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog). En sus respectivos blogs podéis ver las normas del reto. En este caso, en el sorteo de objetivos y objetos que realicé, en mayo me tocó el reto más difícil hasta ahora, pues debía escribir un micro con el objetivo 13; que tuviera temática erótica, y de objeto oculto, el 24; un pez de colores.

    Una combinación endiablada para mis parámetros habituales. No solo radicaba la dificultad en salir de mi zona de confort, sino además de condensarlo en un máximo de 1000 caracteres y poder enlazarlo de algún modo con un relato de otre participante. En este caso, la única manera de enlazarlo ha sido remedando el estilo del relato de abril de @Alinata78, siguiendo su original estructura podría engarzarse, creo, como una parte más de aquel. Aunque ya no quedaban notas libres, y recurrir a los bemoles, sostenidos, arpegios o acordes iba a resultar demasiado recargado para el título.

    Estadísticas según https://www.contadordepalabras.com/
    181 Palabras
    995 Caracteres (con espacios)
    827 Caracteres (sin espacios)
    Párrafos 14
    Oraciones 15

    lunes, 22 de abril de 2019

    De Profundis.

    A -5200 m el mar no es azul oscuro casi negro. Es negro. Un invisible enigma, virgen e inexplorado. La realidad misma parece reducirse a un difuso halo de existencia alrededor del sumergible.

    A Nemesio Rodríguez «Nemrod», célebre por pescar el ejemplar de celacanto azul bioluminiscente en el Canal de Mozambique, la fama le vino grande. Y no por la acondroplasia.

    Harto de una sociedad que solo atendía a su proeza como quien sigue el foco por la pista del circo, quiso alejarse de la hipócrita condescendencia buscando retos cada vez más difíciles. Su talla le ofreció su oportunidad en aquella angosta batisfera; los fondos marinos donde nunca antes la humanidad había llegado. Salvo una única vez el Trieste.

    Le encantaba la soledad, la pureza de hallarse lejos de todo.

    Hacía dos horas y 2000 metros que no veía ningún ser vivo. Lo último fueron anguilas de Úrsula, de ojos pervertidos y mates.

    Algo flotó ante la portilla. ¿Sería una nueva especie?

    —!Maldita civilización¡ ¡Un puto disfraz de jirafa!

    Tomada por la cámara de la batisfera Nereis, del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía, organismo dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas donde se embarcó Nemrod para alejarse del mundo
    Imagen parcial del disfraz de jirafa tomada por la cámara de la batisfera Nereis.


    Este microrrelato participa en el #OrigiReto2019, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog). En sus respectivos blogs podéis ver las normas del reto. En este caso, en el sorteo de objetivos y objetos que realicé, en abril debía escribir un micro con el objetivo 16; que transcurra al completo bajo el agua, y el objeto oculto 2; disfraz de jirafa.

    Enlaza con el relato de enero de Gemma Montoya, «Sirena liberada» y que podéis leer aquí.

    Estadísticas según https://www.contadordepalabras.com/

    169 Palabras
    1000 Caracteres (con espacios)
    838 Caracteres (sin espacios)
    Párrafos 7
    Oraciones 15

    viernes, 15 de marzo de 2019

    El templo maldito de los botijos perdidos

    Lámina de 1790 que describe algunos de los posibles artefactos que hubo en el templo.




    La riada atravesó el templo de Baal Sammos Paal Khoolito, despojándolo de todas las riquezas que acumulaba. Artefactos variados fueron arrastrados por las aguas por campos de labor, pasando velozmente entre almendros en flor.

    El Decálogo del Culto fue perdiendo hojas en cada zambullida y acabó orillado en una pocilga, con el papel mojado y una sola ley con la tinta corrida.

    Surcaban también las aguas un botijo que vacío de almas flotaba, y una lucerna que a duras penas mantenía su llamita encendida y brillando.

    —Aparta, botijo maldito. ¿No ves mi luz divina? Aún tengo privilegios —gritaba la lucerna decorada de dorado.

    —Lucerna jodida, espérame que juntos salimos de mal parto formados por el mismo barro, y juntos hemos de seguir hasta la ría —replicaba el bucarito.

    Discutieron hasta topar con la roca que quebró sus cuerpos, haciéndolos añicos sin distinción.

    Sabed que por mucho brillo con el que algunos se engalanen, todos provenimos del barro y al barro volveremos sin solución.


    ***

    Este microrrelato participa en el #OrigiReto2019, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog). En sus respectivos blogs podéis ver las normas del reto. En este caso, en el sorteo de objetivos y objetos que realicé, en marzo debía escribir un micro con el objetivo 10; que fuera una fábula, y el objeto oculto 33; un decálogo. Además lo hago enlazar con el relato del mes pasado «Mi pellejo por un botijo» de Atalanta96. Digamos que esto sucedió mucho antes de lo relatado allí, y es la causa de que encuentren el viejo templo en ruinas.

    Estadísticas según https://www.contadordepalabras.com/

    163 Palabras
    993 Caracteres (con espacios)
    837 Caracteres (sin espacios)
    Párrafos 7
    Oraciones 10